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Una acusación infundada


“Algunos extremistas fingen que Muhammad no buscaba más que la fama personal, el estatus y el poder. Pero no. Juro por Dios que en el corazón de ese gran hombre, hijo de los desiertos y las dunas, de alma magnánima llena de misericordia de bondad, de ternura, benevolencia y sabiduría había ideas exentas de codicias mundanales e intenciones carentes del afán de poder y estatus. ¿Cómo no si su alma era pura y era un hombre que no podía sino ser sincero y serio?”